jueves, 9 de abril de 2015

María Pena







María Pena


La María la chupa por $300. ­ Escrito con lápiz pasta en la
puerta del baño de la escuela. ­


La puta María. María, La puta (entre las bocas de las señoritas de la escuelita.

Flaca, huesuda, de piel color mate, dientes separados, pelo café
corto cebiento, uñas con mugre. Mirada de ojos negros bien abiertos.


¿Cuántos piojos nos habremos matado? puras liendres huérfanas.


Jugábamos al pillarse, era bruta, pa ser tan flaca tenía fuerza,
los huesos los tenía filudos, ¿Para intentar machucar las manos de tus consumidores?


¿PAKÉTANXORA maría?


Nos Besábamos aveces, debajo de las mesas, amarrábamos los
delantales del uniforme a la rejilla del banco, donde guardábamos los
cuadernos, así teníamos cortinas cuadrillé azul y privacidad en
los mini cuartos de nuestro juego. Y ella aveces no quería jugar.


María Peña. Presente, Ausente, Presente tía ceci.


La maría compraba dulces, comíamos coyac, pico dulce. Me llenaba
la boca de chubis. Ojalá los dientes chuecos se nos pusieran de colores.


Cuando niña pequeña escuché una vez en una teleserie brasilera,
que alguien llamaba prostituta a una mujer, le pregunté a mi
abuelita que era eso, no me dijo. Saqué conclusiones, Yo sabía lo
que eran las protestas, mi mamá me había explicado, era cuando la
gente salía a las calles a alegar por sus derechos, y peleaban con
los pacos y andaban con carteles y que gritaban cosas. Entonces
pensé que una prostituta era una mujer que andaba en las
protestas. De esas que andaban gritando, o que se caían con el
guanaco, como salía en la tele.


Salió una protesta en las noticias y yo grité que ahí habían
muchas prostitutas. Ahí se quedaron plop, mi abuela, mi amá, mi tío.
Debe haber sido chistoso después de que yo les explicara mi
conclusión. Ahí mi madre me explicó que es lo que era una
prostituta, ahí supe que era un trabajo malo donde las mujeres
vendían su cuerpo. Tenían relaciones sexuales con hombres por
dinero. Yo no le vi nada malo.


A mis 9 años, ya le veía algo, repetía que era malo y ya sabía que
una relación sexual no era sólo revolcarse en besos. A los 9 años
estaba con mi madre y mi padrastro viendo las noticias, cuando dan
el comercial de "informe especial" un programa ataoso donde daban
reportajes de los horrores de "nuestro" país. El titular era "Niña
de 9 años se prostituye en dorsal de Conchalí" mostraron un par de
imágenes, y salía la silueta de una niña, de lejos, borrosa entre
las luces amarillas de las esquinas de dorsal, saludando
inocentemente a la cámara, mientras se encontraba parada de  puntillas y afirmada sobre la ventana de una camioneta.
Me mandaron a acostar.


Al otro día llegué a la sala de cuarto básico, me senté donde
siempre junto a la fastidiosa pamela. Habían murmullos, no los
mismos de siempre, viciao estaba el aire. Hasta que hablaron más
fuerte, algunas preguntaron a viva voz; "¿Vieron a la maría anoche
en la tele? la maría es prostituta"


Llegó la tía ceci. El asunto fue como un consejo de curso. Lo hablamos, muchas lloramos,lloramos juntas, la tía ceci nos explicó cosas, pidió amor y respeto para la maría, no era fácil, su vida, la de sus hermanas,
Muchos días desoladas, con hambre, con frío, las piel cochina, sin
ser protegidas ni amadas. No era fácil, crecer en una población
donde eran a veces cuidadas por vecinos, otras descuidadas por su
Su madre, que era pasterita y quién sabe de la demás familia. Se dice que ella las llevó a ser mujeres por las noches, de hombres
sucios, "malos y enfermos" a cambio de un par de lucas para comprar el mono. El maldito mono.


Un par de veces volvió a la escuela, jugábamos, no hablamos mucho
del tema, pero todos comentaban, murmuraban.
Después de un par de burlas y algunos procesos de "protección a
menores" La maría no volvió.
En octavo, alguien comentó que se había sabido por ahí de ella,
que estaba en el hospital, que unos tipos la violaron y le pegaron brutalmente


Unos años después, tomé la 107 de dorsal,caminé al final y escuché
su voz, como siempre medio afónica. Miré y estaba ahí en el
asiento al lado de dónde yo estaba parada, iba con un poleron
gris. Ya no era tan flaca, parecía haber tenido hijos, como ese
cuerpo de adulta un poco mayor, de mamá. Se veía un poco sucia,
tenía una cicatriz en la mejilla. Estaba con un hombre a su lado,
un tipo moreno, flaite y viejo. La seguí mirando, supe con certeza
en el alma que era ella, cuando alzó sus ojos y me miró, nos
miramos, en silencio, en un tiempo que se detuvo. Supo quién era
yo y supo que yo sabía quién era ella.


Las miradas nunca pierden la esencia.


Se bajó de la micro y la miré por última vez, aún la veía de niña,
con el jumper y sus piernas como dos palos. Miré por la ventana hasta que su silueta desteñida desapareció.

María, las esquinas de dorsal, tienen tus pasos perdidos, tus caminos rotos y tus besos sin amor.