domingo, 29 de marzo de 2015

verum libera  aut   lacrima   lumen sine anima   cor incruenta
verum libera  aut   lacrima   lumen sine anima   cor incruenta
verum libera  aut   lacrima   lumen sine anima   cor incruenta
verum libera  aut   lacrima   lumen sine anima   cor incruenta
verum libera  aut   lacrima   lumen sine anima   cor incruenta

domingo, 22 de marzo de 2015

siempre nos decimos hasta pronto, una despedida vacía, sé que nos volveremos a encontrar, sé que volverá por mi, siempre, siempre. Cada vez que te sienta, que toques a mi puerta yo abriré para ti, nos iremos juntas al anochecer, como lo cursi que podría ser.... Cuando vengas por mi y nos vayamos juntas a no permanecer, a olvidar el mundo que creé, a desechar las personas que no me ven. Quedarnos solas.

Hace tiempo esperaba un momento así,
      vernos a solas, ver tu sombra en los surcos del asfalto sucio,
revolcarnos en él
   susurrarnos verdades, mentiras, saborear la victimización de mis llagas.
darte de beber con mis lágrimas, alentarte con mis ahogados pucheros
vernos ensimismadas
tocarnos, sabiendo que pronto nos iremos juntas, que tomaré tu mano y no la soltaré, porque he decido que tu oscura belleza sea el manto que cubra mi cara ante la luz que me ciega, que me hace invisible.
Fui por mi propia cuenta. Eran unos tipos atractivos, entregando folletos, pregunté qué onda. Me contaron que era un tratamiento de belleza y felicidad. "Con aporte voluntario". En base a un procedimiento mental y físico en unas salas espejo. Yo me dejé convencer rápido, me convencí. Cuando eres un infeliz todo lo que parezca bonito te llama. Me fui con ellos, pero me dijeron que sola no funcionaría el plan, porque siendo bello solo, no se puede tener absoluta felicidad, los demás también tienen que estar en la red, pensé; no por pensar en los demás, sólo pensando en mí.
Entonces salí a las calles de los barrios donde aveces camino, busqué las caras conocidas, los convencí. Lo llevé a él también.
Llegamos a la casona, era vieja y sucia, yo aún confiaba.
Uno a uno fueron pasando a las habitaciones
Algo parecía extraño, las caras de los terapeutas, sus delantales con sangre. Yo aún confiaba.
Tengo mala vista. O es que aveces se me cierra o cierro un ojo.
escuché gritos.
Fue mi turno, caminé a la habitación, pasando por el pasillo habían pequeñas ventanas con vidrios gruesos y borrosos, veía siluetas de horrores. Yo aún confiaba.
Entré.

Me sentaron en una silla, llegó un hombre, comenzó a violarme, yo sabía que era malo, pero era un tratamiento de belleza y felicidad. ¿Después habrían frutos? "de seguro agusanados"

confusión, momentos distorsionados, oscuridad, imágenes entre cortadas.

conversaciones, miradas, sensaciones. No hay secuencia ni verdad ni sentido ni felicidad verdadera ni duradera.

tenía un parche entre el ceño. Algo había cambiado dentro de mí. Ya no tenia la mala vista ni el ojo medio cerrado, estaba mirando las habitaciones transparentes, veía en ellas como eran torturados todos aquellxs que yo había llevado. Escuchaba gritos de ayuda. No ayudé a nadie y traté de huir. Llegué a la sala de espera, aún estaba él ahí, le dije que todo era una equivocación, una mentira, un engaño de nosotrxs mismos. debíamos irnos antes de que no pudiésemos ser libres jamás. Seguía siendo ilusa.

Confió, por primera vez en mí. seguramente porque ya lo creía él también. Salimos corriendo por la puerta, pero en la salida eramos arrastrados como si fuésemos imanes y la casa fuera de metal, pero no somos imanes así que caminamos hacia adelante con todas nuestras fuerzas. Tomados de la mano.
Logramos salir del campo de fuerza. Corrímos bien lejos, de las calles de Einstein, el Salto, Huechuraba, bella vista, los cerros y los caminos oscuros. Nos detuvimos. Había que volver por el auto. Volvimos por las mismas calles. Yo estaba aterrada.

De pronto mi miedo estaba desbordándose de mi cabeza, comencé a sentir pellizcones en mis pies, desesperación. Miraba el suelo y sentía cómo una mujer blanca, cristalina, me tiraba de las ropas, de las rodillas, me palmoteaba las narices en ínfimos segundos, que la visión era casi como una alucinación, pero no lo era. Comencé a gritar, a decirle que algo me habían dejado dentro, que me atormentaba, que vendrían por mí, que estaban dentro de mí. Que quizás me estaba volviendo loca. Le dije mil cosas. Él estaba asustado, pero calmado y me dijo que teníamos que encontrar el auto, que estaríamos seguros allí.
Yo quizás necesitaba calor.
Me adelantó, no me quería mirar, lo sé, tenía miedo, pero quería el control de sí. Yo estaba desesperándonos.
 Fue entonces cuando mirando su espalda alejarse, miré a hacia la izquierda. Y los ví. Eran ellos. Ella.
Me agarraron fuerte, ella me abrazó, apretándome, para asfixiarme un poco. Miré hacia adelante y ahí estaba él, caminando lento, alejándose tranquilamente sin mirar hacia atrás. Yo estaba atrás, gritando su nombre, pero la voz no me salía, intentando moverme, pero estaba muy dura. No se daba cuenta que yo atrás estaba atrapada. pidiendo a gritos silenciosos que volteara a verme. Verme de verdad.
Pero nunca se dio cuenta.

Desperté.

        Aveces creo que aún sigo dormida.


martes, 10 de marzo de 2015

No llore, hombres hay muchos

Escribir, pensar que escribo, soltar las palabras en mi mente como si fuese un tecleo en el computador, ver las letras aparecer, juntarse y significar una prosa triste. Todo mientras me seco las lágrimas con la manga, me dejo rojo porque estoy enojada, todo mientras camino por las mismas calles de siempre, repitiendo las mismas palabrerías de víctima del amor. Llorando y susurrando a la misma luz amarilla de los pasajes viejos. ¿Cuántas veces me he visto igual? como una chiquilla desolada, llorosa, fúnebre y débil, dando lástima por el barrio. Imagino lo que imaginan los demás; pobresita, tiene penas de amor, alguien le rompió el corazón, la patearon, se la cagaron, ¿o a la habrán asaltado? ¿se habrá muerto alguien de su familia? se preguntarán aquellos que miran de vez en cuando la cara de otras personas en la calle. Quisiera gritar a los cuatro vientos que nunca he contado, que soy yo mi propia desgracia, mi herida más profunda, mi veneno enardecido calándome cada gota de sangre que quiere salir de cuerpo, explotando como salsa de tomate muy cocida en la sartén, soy yo el demonio que me desnuda frente a la miseria y me hace comerme su mierda. O quizás sólo es Dios que juega a las telenovelas. Le gusta el drama, lo sé, como a tí.

Al final, pienso que no hay final, pero no nunca sé si es el final o no. Nunca puedo decir que no.

Quiero decir que no.

pero gritaría que sí, que sí, sí, sí, como cuando suelto aquél sí lleno de placer en sus oídos, entregado y afirmativo.

Es impagable que el flaite de la bici se saque sus audífonos, detenga la bici y me diga que no llore, que hombres hay muchos. Estoy perdída en un mar de pesadillas.