Fui por mi propia cuenta. Eran unos tipos atractivos, entregando folletos, pregunté qué onda. Me contaron que era un tratamiento de belleza y felicidad. "Con aporte voluntario". En base a un procedimiento mental y físico en unas salas espejo. Yo me dejé convencer rápido, me convencí. Cuando eres un infeliz todo lo que parezca bonito te llama. Me fui con ellos, pero me dijeron que sola no funcionaría el plan, porque siendo bello solo, no se puede tener absoluta felicidad, los demás también tienen que estar en la red, pensé; no por pensar en los demás, sólo pensando en mí.
Entonces salí a las calles de los barrios donde aveces camino, busqué las caras conocidas, los convencí. Lo llevé a él también.
Llegamos a la casona, era vieja y sucia, yo aún confiaba.
Uno a uno fueron pasando a las habitaciones
Algo parecía extraño, las caras de los terapeutas, sus delantales con sangre. Yo aún confiaba.
Tengo mala vista. O es que aveces se me cierra o cierro un ojo.
escuché gritos.
Fue mi turno, caminé a la habitación, pasando por el pasillo habían pequeñas ventanas con vidrios gruesos y borrosos, veía siluetas de horrores. Yo aún confiaba.
Entré.
Me sentaron en una silla, llegó un hombre, comenzó a violarme, yo sabía que era malo, pero era un tratamiento de belleza y felicidad. ¿Después habrían frutos? "de seguro agusanados"
confusión, momentos distorsionados, oscuridad, imágenes entre cortadas.
conversaciones, miradas, sensaciones. No hay secuencia ni verdad ni sentido ni felicidad verdadera ni duradera.
tenía un parche entre el ceño. Algo había cambiado dentro de mí. Ya no tenia la mala vista ni el ojo medio cerrado, estaba mirando las habitaciones transparentes, veía en ellas como eran torturados todos aquellxs que yo había llevado. Escuchaba gritos de ayuda. No ayudé a nadie y traté de huir. Llegué a la sala de espera, aún estaba él ahí, le dije que todo era una equivocación, una mentira, un engaño de nosotrxs mismos. debíamos irnos antes de que no pudiésemos ser libres jamás. Seguía siendo ilusa.
Confió, por primera vez en mí. seguramente porque ya lo creía él también. Salimos corriendo por la puerta, pero en la salida eramos arrastrados como si fuésemos imanes y la casa fuera de metal, pero no somos imanes así que caminamos hacia adelante con todas nuestras fuerzas. Tomados de la mano.
Logramos salir del campo de fuerza. Corrímos bien lejos, de las calles de Einstein, el Salto, Huechuraba, bella vista, los cerros y los caminos oscuros. Nos detuvimos. Había que volver por el auto. Volvimos por las mismas calles. Yo estaba aterrada.
De pronto mi miedo estaba desbordándose de mi cabeza, comencé a sentir pellizcones en mis pies, desesperación. Miraba el suelo y sentía cómo una mujer blanca, cristalina, me tiraba de las ropas, de las rodillas, me palmoteaba las narices en ínfimos segundos, que la visión era casi como una alucinación, pero no lo era. Comencé a gritar, a decirle que algo me habían dejado dentro, que me atormentaba, que vendrían por mí, que estaban dentro de mí. Que quizás me estaba volviendo loca. Le dije mil cosas. Él estaba asustado, pero calmado y me dijo que teníamos que encontrar el auto, que estaríamos seguros allí.
Yo quizás necesitaba calor.
Me adelantó, no me quería mirar, lo sé, tenía miedo, pero quería el control de sí. Yo estaba desesperándonos.
Fue entonces cuando mirando su espalda alejarse, miré a hacia la izquierda. Y los ví. Eran ellos. Ella.
Me agarraron fuerte, ella me abrazó, apretándome, para asfixiarme un poco. Miré hacia adelante y ahí estaba él, caminando lento, alejándose tranquilamente sin mirar hacia atrás. Yo estaba atrás, gritando su nombre, pero la voz no me salía, intentando moverme, pero estaba muy dura. No se daba cuenta que yo atrás estaba atrapada. pidiendo a gritos silenciosos que volteara a verme. Verme de verdad.
Pero nunca se dio cuenta.
Desperté.
Aveces creo que aún sigo dormida.