Estoy seguro que hay quienes me etiquetarían de loco por algunos de los deseos que expreso. Muy bien, con gusto abrazo tal locura. Cuando el orden racional a probado su absurdo, aquellos que quisieran liberarse deben expresarse en términos de locura. Un festival, un remolino, la euforia aullante de ritos dionisiacos son verdadera revolución. Artaud y Julien Beck ambos han intentado esto, pero en el teatro. Y el teatro es mentira! Es tiempo de llevar esta locura fuera de los teatros y empezar a vivirla. Somos seres salvajes atrapados en las jaulas de la civilización. Ira, pesar, goce, éxtasis, histeria, todas nuestras pasiones animales necesitan liberarse, liberarse en público, ¡ahora! Pero ¿cómo? ¿Cómo evitamos ser enjaulados? ¿Cómo podemos ser libremente locos? ¿Cómo podemos convertirlo de mera idiosincrasia individual a revuelta anárquica? No lo sé. Todo lo que sé es que una crueldad demente debe ser apuntada hacia la civilización mientras el éxtasis erótico es apuntado a los amigos. Necesitamos aprender a gritar, llorar, reir, aullar, rugir, gemir, saltar, rodar, danzar, acariciar, besar, abrazar, follar, cantar, festejar. Necesitamos ser cuerpos, ser animales, libremente sin restricción. Esta será la mayor crueldad contra la civilización, pues tales acciones se burlan de ella sin piedad. Para aquellos que aman ser mandados, parecerá la mayor de las locuras. Pero para nuestros amigos, ya sean humanos, plantas, piedras, ríos, o cualquier ser salvaje, será el más gentil amor. Pues esta locura es Eros desatado.
Del panfleto, “Diatribas, ensayos y polémicas de Fauna Feral” (Iniciativas Caóticas, 1987)
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