Escribir, pensar que escribo, soltar las palabras en mi mente como si fuese un tecleo en el computador, ver las letras aparecer, juntarse y significar una prosa triste. Todo mientras me seco las lágrimas con la manga, me dejo rojo porque estoy enojada, todo mientras camino por las mismas calles de siempre, repitiendo las mismas palabrerías de víctima del amor. Llorando y susurrando a la misma luz amarilla de los pasajes viejos. ¿Cuántas veces me he visto igual? como una chiquilla desolada, llorosa, fúnebre y débil, dando lástima por el barrio. Imagino lo que imaginan los demás; pobresita, tiene penas de amor, alguien le rompió el corazón, la patearon, se la cagaron, ¿o a la habrán asaltado? ¿se habrá muerto alguien de su familia? se preguntarán aquellos que miran de vez en cuando la cara de otras personas en la calle. Quisiera gritar a los cuatro vientos que nunca he contado, que soy yo mi propia desgracia, mi herida más profunda, mi veneno enardecido calándome cada gota de sangre que quiere salir de cuerpo, explotando como salsa de tomate muy cocida en la sartén, soy yo el demonio que me desnuda frente a la miseria y me hace comerme su mierda. O quizás sólo es Dios que juega a las telenovelas. Le gusta el drama, lo sé, como a tí.
Al final, pienso que no hay final, pero no nunca sé si es el final o no. Nunca puedo decir que no.
Quiero decir que no.
pero gritaría que sí, que sí, sí, sí, como cuando suelto aquél sí lleno de placer en sus oídos, entregado y afirmativo.
Es impagable que el flaite de la bici se saque sus audífonos, detenga la bici y me diga que no llore, que hombres hay muchos. Estoy perdída en un mar de pesadillas.
<3
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