De día, de medio día, de media noche, terrorífico silbido zumbido, lento, precíso, escurridizo por entre las paredes, las ventilaciones, las ventanas. Me persigue, le escucho merodear de habitación en habitación hasta encontrarme, susurrarme y perderme en su sombrío y misterioso venir. ¿Quiere que le pongan atención? Cómo incesantes que conozco. ¿Se aproxima algo? ¿Busca algo? ¿pasa algo?
Vertiginosa la noche que aquél despreciable penetró concretamente las paredes, de la casa, de mi mente. Intentó penetrarme aún más, me desnudó, me envolvió en su vibración 'pecaminosa'.
Llévame contigo.
le dije.
Nos perdimos en el espacio, el viento, nos mezclamos tanto en el viaje que aquél me sugirió emanciparme de mi cuerpo, burlar el pasado, el presente, el futuro en mi cabeza y abrirme hacia el despertar de ser un ente sin historia, sin vida, sin amor, sin obsesión, sin fin sin inicio...
Dije, Sí.
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