sábado, 12 de noviembre de 2016




De acabos y me acaban.

Estrecho quiero sentirte  adentro de mi, hasta la profundidad de todo mi ser, entumeciendo las puntas de mis poros,  tironeado el deseo, prendado y escapao.
Perversión en cuestión, una pequeña ejecución, que entrega al cielo un pedazo de mi espíritu cortao y hedonizado. 

Cómete la fruta sin pelar, sin lavar, sin echarle azucar, ta toa tierna aunque no madura, cómetela hasta que el jugo se escurra siguiendo el camino que dicta la comisura de tus labios, las líneas de tu piel que quiero recorrer.

 Que me marca sin pensar en la decencia, descalabrame con brutal suavidad, como cual vampiro sediento de mi humedad, arráncame el cuello a mordiscos, iracundo amor te dedico, a qué juegas con la indiferencia, que entiende que no basta con la presencia, sino de perdernos uno dentro del otro, para encontrarse sin miedo. 
Te doy too con bonitura, no me importa si la cosa no perdura. 

Métemelo.

Métemelo en las alturas, la plazas, en los barcos, en la calle, en la moto, los baños quimicos, en los portones, las cunetas, las botellas, los juegos, los colchones, en los árboles, donde los vecinos, en el pasaje, en las escaleras, en el centro, en el pasillo, en la nave, en la mente, en la miseria.

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