Estaba todo preparado, serían 14 años de viaje por el espacio. Nos alimentaríamos, respiraríamos y haríamos nuestras necesidades a través de un sistema peculiar que no entiendo, y que no importa.
Estaríamos en una cápsula, atados de pies y manos, quietos, erguidos, con sólo la mirada descubierta, él frente a mí, yo frente a él.
La cápsula sería de un blanco luminoso, y tendría una pequeña ventanita para mirar de vez en cuando al espacio, mientras el silencio sea quien guardará cada momento de nuestros 14 años de viaje.
Pasamos 14 años juntos, sin hacer nada más que estar uno frente al otro, sin hacer nada más que mirarnos. No podíamos comunicarnos a través de los sonidos, pero aprendimos a hacerlo con la mirada.
El día del regreso, volvimos a nuestra vida, todos pensaban que no querríamos pasar más tiempo juntos, pero teníamos una gran diferencia, disfrutábamos nuestra compañía, pues ya no necesitábamos gesticular la lengua, emitir sonidos que tuvieran significado, la mirada era nuestro ente comunicador, y sólo bastaba fijar nuestras pupilas, para descifrar lo que ocultaban en su profundidad.
postdata: Aveces, por las tardes de risas mudas, extraño oír su voz, que vibre en mi tímpano, y erecte mis poros con su sonido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario