sábado, 29 de marzo de 2014

Tentempié

La reunión de los días jueves iba tan parcial como siempre, a exceptuar de las insistentes vibraciones susurrosas de las tripas que chillaban, chillaban como quién sabe qué cosa.

Nadie hablaba, excepto el ambiente, que cada vez decía cosas más tensas, a lo que el silencio lo hacía callar, mientras que las tripas hacían de lo suyo, y se acumulaban las miradas nerviosas, los gestos incómodos, las pieles ácidas y los ojos sin color.

La reunión está aburrida, - dijo uno atreviéndose a lo impensado - las tripas parecen divertirse... Dijo temeroso. Todos lo golpearon con la mirada y luego de hacerlo sangrar pensaron que sería interesante saber por qué tanto chillaban esas tripas, ¿la estarían pasando bien a través de su necesidad? ¿chillaban de placer?
Entonces se juntaron en un círculo y decidieron ir a visitarlas, entonces cada uno al mismo tiempo abrió muy grande su boca y comenzaron a meterse dentro de ella, muy cuidadosamente para no dañar nada. Fue algo un poco doloroso, pero excitante, el contacto era indescriptible.
En su viaje por el esófago pudieron admirar la asquerosidad del cuerpo por dentro, asqueroso pero curiosamente perfecto.
Luego de un viaje húmedo hacia su interior... ¡al fin!, cara a cara con las ruidosas tripas, ¡pensaron que se divertían! ¡pensaron que se revolcaban en orgías hedonistas! pero no... Tenían hambre, mucha mucha hambre.

Y ocurrió la tragedia, uno a uno fueron devorados por sus tripas, ¡¡mmm!! ¡que rico! decían en idioma tripál,        mientras masticaban feroces con sus dientes blanditos. Ya no quedaba nada de ellos, sólo sus propias chillonas y ya saciadas tripas.

Ya no había nada que hacer, fueron digeridos, fueron excreción, fueron su propio tentempié.

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